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Tasas de interés: Un escenario complejo a futuro
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Sin dudas, el fuerte aumento del consumo interno fue unos de los principales factores explicativos del incremento de la actividad económica doméstica durante los últimos años. El consumo privado explicó 2/3 de la suba del PIB real que se produjo entre 2002 y 2011.
Por Luis Secco
A su vez, la dinámica de la masa salarial real, que aumentó 82_ desde 2002 (a un promedio anual de 7_), y de las expectativas inflacionarias, que se mantuvieron sistemáticamente por encima de las tasas de interés nominales en pesos y de las expectativas de devaluación, son los principales factores explicativos detrás del boom de consumo de la última década.
Sin embargo, las circunstancias actuales son diferentes a las del pasado. Y en este escenario, en el que la capacidad instalada ociosa es baja y en el que la demanda privada de divisas es relativamente alta, el rol de la tasa de interés adquiere particular relevancia. Un aumento de la tasa de interés nominal en pesos ayuda a cumplir el doble rol de contener el aumento del consumo (que, bajo la situación vigente hoy, presiona sobre los precios internos y sobre el superávit externo) y de limitar la demanda privada de divisas (una parte importante de la cual se canaliza actualmente a través del mercado informal).
En cuanto a esto último, el aumento de las tasas nominales que se produjo durante el último tramo de 2011 (la tasa de plazo fijo minorista de entre 30 y 60 días subió casi cinco puntos porcentuales entre agosto y diciembre) sirvió para contener el incremento de la demanda privada de divisas. Es la razón por la cual, aun cuando el Gobierno restringió las operaciones cambiarias en el mercado formal, el spread entre la cotización del dólar en el mercado formal e informal no se disparó.
Sin embargo, la tendencia empezó a revertirse a partir de los primeros días de 2012. En efecto, durante enero, las tasas pasivas cayeron casi dos puntos porcentuales con respecto al pico de diciembre, para ubicarse actualmente en torno al 12_ anual. Intentar que las tasas de interés retornen a los niveles de mediados de 2011 (en torno al 7_/8_ anual) podría no resultar una buena idea en términos de la estabilidad del mercado cambiario durante los próximos meses.
Hay, básicamente, dos razones. En primer lugar, porque las expectativas de devaluación no se han reducido significativamente (una ampliación de la diferencia entre las expectativas de devaluación y la tasa de interés nominal aumentaría los incentivos a demandar divisas). Asimismo, en las próximas semanas estarán caracterizadas, por motivos estacionales asociados al final del período de vacaciones de verano, por una caída de la demanda de pesos por motivos transaccionales (esos pesos que se usaban en las vacaciones para realizar transacciones ahora podrían “volcarse” a dólares si las tasas de interés nominales continúan descendiendo).
Así, los niveles de tasa de interés nominal que eran sostenibles hace unos trimestres atrás, ya no lo son ahora. Intentar retornar a aquellos niveles en el corto plazo no haría más que acelerar las presiones inflacionarias y, consecuentemente, también las expectativas de devaluación y la demanda privada de dólares (lo cual se reflejaría en un aumento de la cotización del dólar en el mercado paralelo).
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