Sábado 21 de noviembre de 2009/ Redacción: Francisco Ali-Brouchoud/ Edición: Mariano Agazzi/ Visión Siete Internacional/La relaciones entre Estados Unidos e Israel siguen siendo tanespeciales como siempre: una cercanía tan grande que resulta difícildiscernir cuándo se trata de los intereses políticos de Tel Aviv ycuándo de los de Washington.
Y entre ambas necesidades políticas,las de Israel parecen por lo general más urgentes, lo que terminadándoles prioridad, incluso en el Congreso estadounidense.
Un ejemploclaro es la reciente resolución de la Cámara de Representantesnorteamericana, rechazando las conclusiones del informe Goldstonepropiciado por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas,en el que se establece que Israel cometió crímenes de guerra en suinvasión a sangre y fuego de la Franja de Gaza en diciembre de 2008, yse señala además que más de 1.400 palestinos, en su mayoría mujeres yniños, murieron a causa de la operación militar.
Detrás de esta condena legislativa a laúnica investigación independiente de lo ocurrido en la ofensiva contraGaza está el implacable y eficaz trabajo de lobby de AIPAC, el Comitéde Relaciones Públicas Americano-Israelí.
Pero en esta relación tan especial hayun ruido de fondo que comenzó desde la llegada de Barack Obama alpoder: la declarada determinación del presidente estadounidense dearribar a una solución real en el conflicto palestino-israelí.
Una política que Obama considera tanimportante para su gobierno que no dudó en aplicar lo más parecido auna presión directa sobre el gobierno de Israel que se haya visto departe de una administración estadounidense para frenar la expansión deasentamientos de colonos judíos en los territorios palestinos ocupados.
Es prematuro calificar a esta posiciónde Obama como ingenua, pero dado que no es este el trato al que estánhabituados los gobernantes israelíes, no resulta difícil deducir lareacción que provoca en Israel.
La respuesta de los ultraconservadoresen el poder en Tel Aviv acaba de llegar, con la decisión del Comité dePlaneamiento de Jerusalem de aprobar la expansión de Gilo, unasentamiento judío considerado ilegal por las Naciones Unidas y laUnión Europea, ya que se encuentra sobre la denominada Línea Verde de1967, que demarca los territorios palestino e israelí.
En rigor, Gilo no tiene el aspecto delos otros asentamientos con los que el gobierno israelí justifica laocupación permanente de tierras palestinas, sino que es más bien unbarrio, uno de los suburbios más populosos de Jerusalem, ubicado en lazona sudeste de la ciudad y con unos 40 mil habitantes.
Se trata de un abierto desafío a laspolíticas de Obama, ya que no sólo desbarata el laborioso trabajo delequipo del presidente estadounidense para resucitar al deslegitimadoMahmoud Abbas como titular de la Autoridad Nacional Palestina y por lotanto, como interlocutor en cualquier negociación de paz, sino queavanza sobre uno de los asuntos más conflictivos del diferendo, elstatus de Jerusalem.
Que se trata de una provocacióndeliberada del gobierno de Netanyahu se hace evidente por el hecho deque el plan de expansión no es un proyecto privado sino público: laconstrucción de 900 nuevos departamentos sobre el límite de Gilo, y endirección a la villa palestina de Walaja. En el pasado, el antecesor deNetanyahu, Ehud Olmert, frenó proyectos similares para evitarfricciones mayores, pero esta vez, la idea es demostrar a Obama que nole alcanza con ser el presidente del país más poderoso del mundo paraforzar a Israel a aceptar las leyes internacionales.
Tampoco fueron suficientes los halagosque la secretaria de Estado Hillary Clinton le dedicó a Netanyahu,destacando su supuesta “voluntad sin precedentes de restringir losasentamientos”, algo que este acaba de desmentir de manera flagrantecon este movimiento.
Netanyahu, claro, estaríarestringiéndose de promover más asentamientos en Cisjordania, pero noen Jerusalem, la ciudad que los judíos consideran su “capital eterna eindivisible”.
Unos 300 mil colonos judíos viven actualmente en asentamientos en Cisjordania, y otros 180 mil, en Jerusalem.
En realidad, la jugada de Netanyahuparece apuntar más que a conformar a los sectores ultraconservadoresque defienden la política de asentamientos, a un objetivo estratégicomucho más ambicioso: a dejar fuera de juego a Estados Unidos comoárbitro en las conversaciones de paz, lo que le permitiría tratar demanera directa con los palestinos, que sin ninguna mediación estaríanen absoluta inferioridad de condiciones, y obligados por lo tanto aaceptar todo lo que Tel Aviv les imponga.
Obama, quien no ocultó su furia poreste desaire, devolvió el gesto exigiendo una inmediata cancelación delplan, asegurando que la decisión sólo haría más difícil alcanzar la pazen la región y agregaría más resentimiento al lado palestino, lo cual,dijo, podría ser peligroso.
Será interesante ver cómo se desarrollaesta pulseada cuyo resultado permitirá constatar una vez más cuántopoder real tiene el presidente de los Estados Unidos, y quéposibilidades de concretarse tiene su política para Medio Oriente. ©Noticiero Visión Siete/ TV Pública/ Argentina
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